miércoles, 30 de junio de 2010

ANALISIS DISCURSIVO DE LOS COMPONENTES DE LA LENGUA

TITULO DEL NÚCLEO PROBLÉMICO 1: EL ORIGEN DEL LEXICO DE LA LENGUA CASTELLANA

¿Qué es una familia lingüística?

Una familia de lenguas es un grupo de lenguas emparentadas históricamente y que parecen derivar de una lengua más antigua que por diversificación dialectal dio lugar a diferentes lenguas, normalmente ininteligibles entre sí. En sentido estricto, una familia de lenguas es una unidad filogenética, es decir, todos sus miembros derivan de un ancestro común.

La comparación sistemática de las lenguas del mundo mediante los métodos de la lingüística histórica ha permitido probar que la mayoría de lenguas no están aisladas, sino que entre ellas forman grupos o familias, para las que puede reconstruirse fidedignamente un origen común. El estudio sistemático de muchas familias ha permitido reconstruir las diversas protolenguas o lenguas ancestrales que por diversificación habrían dado lugar a la familia y a las similaridades observadas entre las lenguas de una misma familia.

¿Por qué se describe como lenguas Grecolatinas o Romanceras las derivadas del Latín?

Del latín clásico, o sea el formal utilizado en la literatura y en los círculos más instruidos y cultos, con el tiempo van surgiendo una serie de variaciones y dialectos cuyo conjunto se conoce como el "latín vulgar", refiriéndose al que es hablado por el pueblo.

Del latín vulgar, surgen a su vez las lenguas que conocemos como "romances", o románticas. Incluso estas lenguas derivadas del latín son conocidas como "neolatinas", lo que hace referencia a una nueva o modificada presentación del latín.

Entre estas lenguas romances, derivadas del latín, tenemos al español (entre las romances la más hablada), el francés, catalán, el portugués, el gallego, Asturleonés (grupo que incluye Asturiano, Leonés, Mirandés, Extremeño), el Sardo (hablado en Cerdeña), el italiano, napolitano, siciliano, rumano y dálmata (esta última una lengua muerta hablada en las costas de Dalmacia, actualmente Croacia).

Además una serie de dialectos y variaciones se derivan del latín, algunos desaparecidos y otros casi en desuso, pero lo anterior te sirve para tener una buena idea del alcance que ha tenido el latín para influenciar las lenguas en el mundo y la historia.

¿Cómo verificar el proceso histórico de formación de las palabras castellanas?

EL ORIGEN DEL CASTELLANO

El castellano español es una lengua románica, procede del latín.

  • Romanización: implantaron sus costumbres, sus instituciones, su cultura y su lengua, al llegar los romanos a la Península Ibérica.

  • El latín empieza a diferenciarse en los distintos territorios romanos.

  • La fragmentación del latín dio origen a las lenguas románicas: italiano, rumano, francés, provenzal, catalán, gallego-portugués y castellano, entre otros.

  • Castellano: empieza a documentarse a partir del siglo X, de estas fechas son las glosas emilianenses y silenses, encontradas en los monasterios de S. Millán de la Cogolla (La Rioja) y Silos (Burgos). Se trata de unos manuscritos latinos, en cuyos márgenes algunos monjes anotaron la “traducción” de las palabras que no entendían. La lengua de estas notas o glosas es un castellano primitivo.

  • Pervivencia del latín en el castellano actual

    • El origen del latín está presente en toda nuestra lengua: en su morfología, en su sintaxis, en su vocabulario.

    • Las palabras latinas evolucionaron según determinadas reglas fonéticas hasta convertirse en nuestras voces castellanas: NOCTE (M) hacia noche en la actualidad, HOMINE (M) hacia hombre, OCULU (M) hacia ojo. Estas palabras evolucionadas, que están en el idioma desde sus orígenes, se llaman patrimoniales.

    • El castellano siguió acudiendo al latín para obtener nuevas palabras, éstas se llaman cultismos, sufren una evolución mínima y se reconocen porque conservan su escritura fonética latina, aunque adaptada a la morfología castellana. Incluso existen dobletes, parejas que incluyen la palabra patrimonial y la culta, como consejo y concilio.

    • Expresiones latinas son aquéllas que se utilizan para dar rigor y elegancia al discurso, como: a posteriori (posteriormente), currículo vitae (historia personal), etcétera.

    • Semicultismos: grado intermedio del cultismo, sufre una evolución intermedia.

    • ELEMENTOS NO LATINOS EN LA FORMACIÓN DEL CASTELLANO

  • Elementos prerromanos



    • Las lenguas de los pueblos íberos y celtas han pervivido en el castellano.

    • Los fenicios y sus sucesores, los cartagineses, dejaron testimonios en topónimos como Cádiz, Cartagena, Málaga, Ibiza y quizá el propio nombre de España.

    • Topónimos celtas: Segovia, Cigüenza, Coruña o Cártama.

    • El vasco es la única lengua prerromana que sobrevivió a la latinización de la península.

    • De origen ibérico son los sufijos ena y berri que se encuentran en nombres vascos como Michelena o Javier, pero también en otros del centro y sur peninsular, incluidos topónimos andaluces como Marchena, Mairena, Lucena, etcétera, y Elvira, nombre primitivo de Granada.

    • De origen prerromano parecen ser también los patronímicos terminados en z.

  • Elementos germánicos

    • Algunas de las palabras germánicas que han pervivido después de la invasión de éstos son: espuela, guardia, ganso, parra, brotar, ...; entre los topónimos y nombre de persona: Álvaro, Fernando, Rodrigo, Gonzalo, Adolfo ...

  • Elementos árabes

    • Desde que los árabes en el 711 atravesaron el Estrecho de Gibraltar y derrotaron a los visigodos, desde entonces y hasta el 1492, dos civilizaciones coexistieron en la península: una, latina y cristiana; otra, árabe y musulmana.

    • Las influencias fueron recíprocas y se vieron favorecidas por la existencia de los mozárabes (cristianos que vivían en terrenos conquistados por los árabes) y de los mudéjares (musulmanes en reinos cristianos).

    • El árabe es el elemento más importante después del latín en la formación del español. Muchas palabras de este origen se reconocen por la presencia del artículo árabe “al”, también se aprecia el artículo, aunque asimilado a otra consonante. Son de origen árabe: zanahoria, taza, cifra, taza, laúd, cenit ...; así como la preposición hasta, las interjecciones y numerosos topónimos como Alcalá, Alcántara, La Mancha, Medina, Guadalquivir, etcétera.


    ¿Cómo identificar el aporte del latín Griego y Árabe en la formación lexical de la Lengua Castellana?

    El español es una evolución del latín hablado en la Península Ibérica, que sufrió influencias de los invasores visigodos y árabes y, más recientemente, de otras lenguas europeas.
    Tras la caída del Imperio Romano, hacia el siglo V de nuestra era, España fue invadida por los visigodos, que acabaron por integrarse a la población y dejaron una fuerte impronta en el castellano.
    Hacia el siglo VIII, los árabes invadieron España y llegaron a ocupar la mayor parte de la península, hasta ser definitivamente expulsados a fines del siglo XV. El diccionario de la Academia registra más de 1.300 términos de origen árabe, pero se cree que en la lengua existen cerca de 4.000, si se incluyen prefijos, sufijos y topónimos.
    Por otra parte, no se debe olvidar la supervivencia, aunque escasa, de las lenguas prerromanas (habladas en la península antes de la llegada de los romanos), como la ibérica, la fenicia, la tartesia y la celta, que dejaron su marca en topónimos como Cádiz, Málaga y Palencia, entre muchos otros. Ni de la lengua vasca, que pervive aún hoy.

    La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de España, pues en la Península Ibérica se asentó durante ocho siglos la dominación de este pueblo.
    El legado de los árabes fue fundamentalmente léxico, pues influyeron escasamente en el sistema fonético, así como en la morfología y en la sintaxis.
    Nos dejaron palabra tales como atalayas, alcalde, ronda, alguacil, almoneda, almacén. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates, quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones. Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de "Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". El Diccionario de la Academia incluye 1.385 voces de origen árabe, pero el total es bastante mayor; probablemente hay en nuestra lengua un acervo de más de 4.000 palabras de ese origen, si se incluyen sufijos, prefijos y topónimos.

    ¿Lengua Española o Lengua castellana?

    La polémica en torno a los términos español y castellano estriba en si resulta más apropiado denominar a la lengua hablada en Hispanoamérica, en España y en otras zonas hispanoparlantes «español» o «castellano», o bien si ambas son formas perfectamente sinónimas y aceptables.

    Como muchas de las controversias relacionadas con la denominación de una lengua identificable con un determinado territorio (español con España, y castellano con Castilla), o que lleva aparejada una ideología o un pasado histórico que provoca rechazo, o que implica una lucha en favor de una denominación única para facilitar su identificación internacional y la localización de las producciones en dicha lengua (por ejemplo, en redes informáticas), la controversia es de raíz ideológica, política y económica.

    Desde el punto de vista estrictamente lingüístico, no hay preferencias por una denominación u otra. La ciencia lingüística, siempre que no actúe ideológicamente, se limita a estudiar y caracterizar la complejidad de los sistemas lingüísticos interrelacionados que componen un diasistema o lengua histórica (como conjunto más o menos complejo de variedades geolectales, sociolectales y funcionales, variables a su vez en el tiempo), y, terminológicamente, a recoger los diversos usos denominativos de una lengua o familia de variedades. Para la lingüística, pues, ambos términos son válidos a la hora de designar el diasistema de la lengua histórica llamada popular y oficialmente castellana o española.

    En el ámbito normativo prescriptivo, según la normativa establecida por los principales organismos de política lingüística del área hispanohablante en lo relativo a la codificación del estándar idiomático (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española), castellano y español son términos sinónimos, aunque el Diccionario Panhispánico de Dudas, obra de carácter normativo actualmente vigente recomienda no obstante la denominación de «idioma español» por carecer de ambigüedad y ser la utilizada generalmente en otros idiomas nacionales (Spanish, espanhol, espagnol, Spanisch, Spaans, spagnolo, etc.). Asímismo, el diccionario normativo editado por la Real Academia Española de la lengua y la Asociación de Academias de la Lengua Española lleva por título Diccionario de la Lengua Española.




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